Contra la pasión

El barco luchó contra la pasión
y ésta lo arrastró a lo pervertido,
mas cuando se dejó llevar por ésta,
la pasión lo arrastró a buen puerto.
Siempre y cuando se dejará arrastrar,
calculando los excesos de oleaje
podría llegar a ese buen puerto.

Los días que subía la pasión
los deseos ardían y el mar evaporaba,
lo húmedo se secaba y agrietaba,
no había lugar para el placer
cuando mandaba la desmesura.


Jamás sucedió el placer
porque no hubo más que deseo
ahogado,
pero cuando el deseo asfixió,
hubo sangre sufrida,
hubo amor puro.

Un amor entre almas
sumado a la corporal pasión
siempre con mesura
fue aire puro
que mueve las olas
dejando brisa de mar
en los pulmones.

Importa más el alma que el cuerpo,
pero ambos debían de ser cuidados,
por eso, cuando el amor es cierto,
del cuerpo se olvidan los cuitados.

La pasión es inevitable
y cuando tiene que suceder, sucede.
Quien la evita hace vano alarde
porque solo de palabra se puede.

Quien no cree en un equilibrio
entre pasión y amor es porque
no acompañó al amor con su
corporal manifestación.

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