Todos tenemos una enfermedad, ¡descúbrela!

Tenéis una enfermedad gravemente contagiosa,

no os podéis concentrar al notar las mariposas,

el termómetro mide vuestra fiebre dolorosa

que a la vez os da placer dándoos olor a rosa.


 Os regodeáis en vuestro dolor infinito,

os quejáis de vuestras cosas con un grito,

un grito a vuestra enfermedad, un grito al amar.


¡Qué pena me dáis!

Siempre con tristes lamentos

y cuando no con idealizaciones

y con sueños, soñando imposibles,

deseando vuestra propia muerte,

propiciándoos al tormento.


Solo hablando de paz

y de calma con el amor,

hablando de reconciliación,

de un *mundo terrenal mejor

en el que las personas se aman

uno  a una, de dos en dos.

Mundo en el que no hay lugar

para el odio ni el enfado,

ni para la tristeza,

mundo idealizado

por la propia vileza

de la mala enfermedad

que os engaña con sutileza.


Os quejáis del amar en tranquilidad,

de la luna llena en calma,

del sin penas del alma.


Os quejáis de lo que vos misma

a conciencia provocáis.

Tan contagiosa es vuestra enfermedad que no habéis

parado hasta que me la habéis pegado,

y por dentro se remueven los gusanos

con alas, por mi interior, revoloteando.

*Mundo terrenal: Mundo que no es el cielo.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.