¿Por qué no perder la esperanza?

Tus hojas son verdes y de finos labios afilados,

con los dedos es difícil tocarlos sin cortarse.

Tus ramas se preocupan por sujetar la fruta,

la fruta es la posible vida de un nuevo árbol,

tan cuidadosamente la protegen tus hojas

que el sol no permite que moleste a la vida.

En todo tu bosque destacan tus hojas, que son verdes,

como la esperanza de quien con cautela cuida

del riego de todo tu ser.

A veces se encarga la naturaleza misma

de que tu riego suceda.

¿Por qué no perder la esperanza?

Porque quien día a día riega

espera que el fruto crezca

hasta verlo hecho árbol,

el fruto del amor que crece despacio,

merece la espera a quien regó cada día.

Quienes riegan con amor suelen recoger

los mejores frutos y en el futuro sembrar

las mejores semillas.

Sin esperanza nadie riega, y sin regar

no hay amor y, sin amor, no hay vida.

El sol favorece a la vida con su calor

y el calor es ardor de pasión sin medida,

que debe ser mesurada para no arder,

provocar un incendio.

El agua ayuda a comedir el calor,

dando como resultado el crecer.

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