Mala hora en que la flecha…

Mala hora en que la flecha

vino a caer espesa,

pesada sobre mi espalda

rompiéndome hasta el corazón.


Mala hora y mal fortuna

cuando se clavó derecha,

haciéndome en vida mártir

ofreciéndome rendición.


Mal deseo reprimido,

el sufrir de sus latidos

comprimidos con los míos

en inventado acto de amor.


Mal caminar escondido,

senda oscura de la muerte,

miré hacia atrás al caminar,

y me encontré postrero ardor.1


Mal los árboles muriendo

conforme el ardor vas y apagas,

mal los cantos de paloma

de una paz desencontrada.


Prendas de amor mal halladas,

promesas funestas, llagas,

guerra de dos sin espadas,

luchando vas desarmada.


Propuestas de guerra mala,

ojos claros me engañaban,

cuello blanquecino cala

como la flecha clavada.


Herida, dolor furtivo,

me tienes en alaridos,

en sueños deconcertado,

desde entonces no he dormido.


Tan grave es mi dolor que osas

despertarme en conticinio,

cuando la luz es más pura

en una noche que esquivo.


Ay, mala fortuna, ¿qué haces?

Juegas siempre a media noche

con flecha, sin floritura,

noche entera… me derribo.

1. Postrera suerte: Al mirar el camino andado (tiempo anterior), el poeta siente que su pasado fue mejor, quizá por su vivencia amorosa con la amada.

Aparecen claras referencias a la poesía de Garcilaso (naturaleza vinculada al sentir del poeta, prendas de amor…).

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