La desdicha de mi amigo

Si ella te nota que estás destrozado

se alegrará sin motivo aparente,

por ello debes mostrarte altivo,

ni triste, ni alegre, ni agradecido,


pues es preferible parecer audaz

a perro cabizbajo entristecido,

mejor es parecer que has superado

algo que no debió ser superado,


mas si alguien te pregunta jamás digas

que nunca superaste sus matices,

ni que aún te sustentan sus verdades,

en pasado, susceptibilidades,


jamás lo que sientes y piensas:

ni debiste echarla de tu vivir,

ni permitir que agonía triunfara,

qué pena que fuera ella quien te echara.


Qué pena que fuera ella,

que pena que fuera,

«que fuera,

fuera»,


y más pena que estas palabras fueran

las últimas palabras dedicadas,

su última carta de amor escrita,

carta absurda, vacía, sin palabras.


Cuánto debió despreciarte en aprecio,

amigo, ¿siempre fuiste despreciado?

No la conozco, pues no fue mi amante,

más atrevo a decir… que tú tampoco.

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