¿Cuáles son las Obras de Misericordia?

Existen catorce Obras de Misericordia, siete espirituales y siete corporales. Estas suponen el buen motivo del cristiano: la bondad. La cristiandad no solo es ir por la senda contraria al pecado, sino también realizar actos bondadosos.

Obras de Misericordia corporales
Visitar a los enfermos

¿Qué haría Cristo si estuviera en nuestro lugar? Si se encontrara con un enfermo lo ayudaría, lo sanaría. Nosotros pues debemos ayudar.

Dar de comer al hambriento

La pobreza está en todas partes, hay pobreza espiritual y pobreza física. Es importante empatizar con el que tiene menos que nosotros y darle los alimentos necesarios para vivir bien.

Dar de beber al sediento

Lo mismo que lo anterior.

Dar posada al peregrino

Jesús, como desalojado, tuvo una pobre posada, un humilde pesebre, pues no había otro lugar disponible para Él. Aunque sea un tema controversial, actualmente esto nos invita a pensar en los refugiados.

Asimismo, podríamos pensar en el pobre que no tiene nada, ¿cuántos estaríamos dispuestos a ofrecerle nuestro hogar? Sería difícil, pues aunque no lo creamos, somos más egoístas de lo que pensamos. Por otra parte, todos tenemos derecho a nuestro propio hogar y nuestros propios bienes, mas hay quien teniendo el derecho no tiene hogar ni nada. Dios nos abre el corazón.

Vestir al desnudo

Cristo fue crucificado desnudo. La desnudez pública es vergonzosa, a veces es humillante. Estamos invitados a darle ropa al que no tiene. No todo hay que hacerlo con nuestras dos manos y pancartas y que se note, pues es posible acudir a ONG y entregar dinero de manera anónima con la única finalidad de ayudar, y no pensando en conseguir un bien propio (recuerda que hasta la satisfacción personal es un bien propio).

Visitar a los presos (Mt 25, 36)

Los presos son personas que cometieron errores, igual que todos, mas unos de mayor gravedad y otros de menor gravedad, eso sí, la ley es caprichosa.

Ver a las personas como seres humanos y no como delincuentes podría ser el primer paso para realizar una gran Obra de Misericordia. Todos somos hermanos, hijos de Dios. Los encarcelados quedaron olvidados por la sociedad, aunque algunos ni lo quieran, en verdad te necesitan.

Enterrar a los difuntos

Hay cuerpos que quedan sin sepultura, en estos casos lo correcto es rezar por ellos.

Obras de misericordia espirituales
Enseñar al que no sabe

¿Esto quiere decir que los profesores son supermisericordiosos? No tiene por qué, pues es su obligación, mas el maestro que enseña de corazón sí que lo es. Además, el que enseña el camino a la Verdad dejado por Cristo realiza una gran obra de Misericordia.

Dar buen consejo al que lo necesita

Solo puede dar consejos el que en verdad sabe. La sabiduría nos permite dar consejo. A veces un necio nos da mejores consejos que un sabio, mas cuando sucede suele ser por fortuna (le tocó vivir una experiencia determinada y común a la tuya).

No debemos aconsejar si no conocemos la situación, sobre todo si no actuamos/aconsejamos según lo que Jesús dijo, pues un mal consejo es lo contrario a una obra misericordiosa.

Corregir al que se equivoca

Esto supone enfocarse en el bien ajeno. Para corregir a una persona es necesario hablar en privado con esta, pues hablar en público es exponer sus errores (ofenderla a propósito).

El paso previo a la corrección es aconsejar hablando con claridad. Estarás realizando una buena obra si sabes que alguien está cometiendo un importante error y lo ayudas a no cometerlo. Cristo vino a corregirnos, ejemplo de ello es “Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra” (Jn 8, 7).

Mal ejemplo: Uno de los malos ejemplos sería el de aconsejar a una pareja de novios acerca de su intimidad, pues puede ser desastroso intentar entrar en la intimidad de una relación que debe ser solo de dos personas, pero es todavía peor si esto sucede en un matrimonio. En estos casos se puede hablar según la Palabra de Dios, mas no aconsejar.

Perdonar al que nos ofende

Hay que perdonar hasta setenta veces siete (Mt 18, 22), es decir, siempre. Esto es una obligación para todo cristiano y nos debemos sentir orgullosos al poder cumplirla, lo triste llega cuando el agravio es grave, pues el perdón se dificulta prolongándose en el tiempo. Algunas personas olvidan perdonar y son felices con ello, estos tienen su vida relatada en la “Parábola de los talentos”, pues Dios les dio la capacidad, mas ellos no la usaron (“Debías, pues, haber entregado mi dinero a los banqueros, y así, al volver yo, habría cobrado lo mío con los intereses. […] A ese siervo inútil, echadle a las tinieblas de fuera”) Mt 25, 14-30.

Consolar al triste

Todos podemos consolar. Somos personas nacidas para hacer el bien y para ser felices, esto es lo que nos hace humanos. El triste merece consuelo, recuperar su felicidad. Los cristianos tenemos el punto máximo de felicidad en Cristo.

Sufrir con paciencia los defectos del prójimo

El que yerra y te hace mal se está dañando a sí mismo, quizá necesite alguna de estas obras de misericordia, pero sobre todas, la de soportarlo, pues al sufrir por culpa de alguien no debemos ser rencorosos ni hacerlo sufrir.

Lo ideal es ponerse en el lugar del otro.

Rezar a Dios por los vivos y los difuntos

Lo material, todo lo que en la Tierra tenemos, es lo de menos. Lo más importante es lo espiritual, pues a través de ello alcanzamos la Promesa de Jesucristo. A veces nos parece muy importante lo terrenal, mas es una visión distorsionada generada al pensar en la inmediatez, en el lugar en el que estamos aquí y ahora, mas si pensásemos en lo que nos acontece nos preocuparíamos por lo espiritual, lo que nos hace vivir las maravillas del Cielo aquí en la Tierra.

Entonces, es sumamente importante rezar, yo diría que es lo más importante, pues supone comunicarse con Dios. En los rezos debemos acordarnos de quienes más lo necesitan: los vivos en pecado y los difuntos conocidos, pues Dios nos ama tanto que quiere que todos sus hijos vayan al Cielo, mas solo es posible si se acercan, de una manera u otra, a Él. Eres hijo de Dios, tenlo presente.