¿Cómo afrontar las pruebas de Dios?

Viernes: Entrada escrita por El chico de Dios
Notas de moderador: Dios NO NOS MANDA PRUEBAS, sino que permite nuestra libertad y una serie de sucesos (no sabemos la verdadera causa de los malos sucesos, solo Dios la sabe). Lo que sí podemos hacer es afrontar los malos sucesos apoyados en Dios.

"Fiel es Dios, que no permitirá que seáis tentados sobre vuestras fuerzas, sino que dispondrá con la tentación el modo de poderla resistir con éxito" 1Cor 10,13

El camino de la vida cristiana se caracteriza en esencia por estar colmado de pruebas a nuestra fe. Y es que tener como Jefe Supremo de nuestras vidas a Dios demanda al mismo tiempo cruzar una serie de obstáculos que, a fin de cuentas, son la razón de la perfección y de la santidad. Pero, ¿cómo saber que en realidad se trata de una prueba?, y más complicado aún: ¿cómo superarla?

Para comenzar te quiero trasladar a un versículo muy bello de la Biblia que dice:

“Bienaventurado el hombre que persevera bajo la prueba, porque una vez que ha sido aprobado, recibirá la corona de la vida que el Señor ha prometido a los que le aman”.  (Stg.1:12).

Dios mismo ha destinado las pruebas en el camino, puesto que es la manera más digna de conseguir aquel tan anhelado premio.

Y no es que desee martirizarnos y convertirnos en presa de las dificultades – como pensarán algunos en sus tribulaciones-, sino más bien por medio de ellas alcanzarnos la Salvación, enseñarnos como ejemplo a todo aquel que duda, que no cree, o que en definitiva está inmerso en el escepticismo.

¿Cómo saber que en realidad se trata de una prueba?

Es quizás una de las preguntas que mas nos atormentan y la respuesta es tan extensa como la mismísima bondad de Dios para superarlas.

Pero debemos saber, como primera medida, que una prueba en sí no puede enumerar una serie de características intrínsecas, sino más bien formar en nuestra mente la sensación de que luego de ser superada, será también recompensada.

Y de igual forma vuelve a decirnos Santiago:

“Tened por sumo gozo, hermanos míos, el que os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y que la paciencia tenga su perfecto resultado, para que seáis perfectos y completos, sin que os falte nada” (Stg.1:2,4).

El solo hecho de contar con una dificultad en nuestro día a día, debe representar una oportunidad para buscar la paciencia como el más humilde de los dones; para saber que se trata solo de un hecho que busca hacer más grande la fe.

Santa Teresa de Jesús comentaba en su oración “La eficacia de la paciencia”, que no debemos turbarnos ni espantarnos por nada, pues todo pasa ya que Dios no se muda. Debemos confiar en que literalmente: “no hay mal que dure cien años” y quizás justo en el momento en el que dudamos, es cuando llega el consuelo.

Muchos dirán entonces: “Llevo ya varios años en la misma situación y el alivio no es visible”, precisamente de eso se tratan las pruebas: de soportarlas el tiempo que duren.

¿De qué nos serviría si en determinado momento nos vemos obligados a sentir una desgracia, pero sabemos que pasará en 10 días?, ¿de qué le sirve al cristiano conocer el momento en el cual cesaran las turbaciones?, y si existieran tiempo para todo y respuestas en cualquier segundo, ¿de qué serviría nuestra fe?

“Dichosos los que creen sin haber visto”, ¿lo recuerdas?, entonces para las pruebas aplicaría de alguna manera un nuevo llamado: “Dichosos los que esperan con diligencia, sin temores y con esperanza, porque ellos serán escuchados”.

Nuestra fe no debe estar ceñida al tiempo, debe permanecer siempre aun cuando el mundo se venga abajo, aun cuando todos piensen que ya no hay ilusiones.

Pero entonces, ¿cómo superarlas?

“Amados, no os sorprendáis del fuego de prueba que en medio de vosotros ha venido para probaros, como si alguna cosa extraña os estuviera aconteciendo; antes bien, en la medida en que compartís los padecimientos de Cristo, regocijaos, para que también en la revelación de su gloria os regocijéis con gran alegría” (1 Pe.4:12,13).

¿Recuerdas a Jesús en Getsemaní?: el demonio lo tentó varias veces, lo atormentó y no pudo con Él, ¿qué obtuvo Jesús al haberlo soportado?: estar a la diestra de Dios Todo Poderoso.

¿Qué nos espera a nosotros si lo logramos?: grandes recompensas tanto en la tierra como en el cielo. ¿Cómo?: de una forma muy sencilla:

“Gozando os en la esperanza, perseverando en el sufrimiento, dedicados a la oración”. (Ro. 12:12).

Es nuestro trabajo hacerlo en todo momento y aguardar por ese Buen Dios que tanto amamos nos auxilie. Es tener la plena confianza de que quizás no ahora, ni mañana, ni en un mes, ni unos años, pero en SI que en cualquier momento, sobrevendrá sobre nosotros el más bello y puro de los consuelos: Él y su Gracia.

No nos desanimemos pues. Dios espera a grandes y chico fieles en la caridad y en la esperanza tanto en buenos como en malos momentos.

Recordemos que nadie jamás, que ha soportado con fe, ha sido ignorado.

“Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestras mentes en Cristo Jesús”. (Fil.4.6,7).

Para terminar, recomiendo a todos los lectores, leer esta hermosa oración que mencioné al principio:

Nada te turbe, nada te espante.
Todo se pasa, Dios no se muda.
La paciencia todo lo alcanza;  Quien a Dios tiene Nada le falta: Sólo Dios basta.
Eleva el pensamiento, al cielo sube,
Por nada te acongojes, nada te turbe.
A Jesucristo sigue con pecho grande, y venga lo que venga,
nada te espante.
¿Ves la gloria del mundo? Es gloria vana; Nada tiene de estable,
Todo se pasa. Aspira a lo celeste, que siempre dura.

                                   Fiel y rico en promesas, Dios no se muda.

Ámala cual merece bondad inmensa;
Pero no hay amor fino sin la paciencia.
Confianza y fe viva; mantenga el alma, que quien cree y espera
Todo lo alcanza.
Del infierno acosado aunque se viere, burlará sus furores quien a Dios tiene.
Vénganle desamparos,  cruces, desgracias; siendo Dios su tesoro, nada le falta.
Id, pues, bienes del mundo;
Id, dichas vanas;
Aunque todo lo pierda,
Sólo Dios basta.