Ama a tu enemigo: si no lo cumples no sigues a Cristo

Ama a tu enemigo, si lo haces serás un verdadero cristiano, no uno de apariencia. La ley judía hablaba de amar al prójimo, al cercano. No hay nada más fácil que amar al cercano y hacerle pagar al que te perjudicó, sin embargo, el camino se hace difícil cuando Cristo llega y corrige esta ley. La Resurrección de Cristo es el suceso más importante, mas nadie se suele acordar del motivo por el que fue crucificado: no supieron amar al que consideraban su enemigo.

Hasta la humillación
Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo, diente por diente. Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra; al que quiera ponerte pleito para quitarte la túnica, dale también la capa; a quien te requiera para caminar una milla, acompáñale dos; a quien te pide, dale, y al que te pide prestado, no lo rehuyas. Mt 5, 38...

Es mejor ser humillado y entrar en el Reino que no serlo y no entrar en el Reino de los Cielos, mas no solo por eso hay que tratar bien al que te trata mal, sino también por la importancia de no perjudicar a nadie, ni siquiera a quien odias, el cual es una persona destinada al amor, igual que tú.

Muchísimas veces los cristianos son desviados por el mal camino, el camino destinado al fracaso, el de cumplir con los ritos, cumplir los sacramentos, orar un poco y si eso creer en Dios, mas la esencia del Hijo queda olvidada; su esencia es el amor hasta el extremo, pues fue humillado en una cruz en un acto de falsa justicia y así lo quiso el Padre, pues lo prefirió a la rebelión.

Lo que necesitamos los cristianos es ayudar para un buen fin al que nos daña y, si nos humilla, dejar que nos humille, mas intentando amar hasta el final.

Soportar el sufrimiento

Amar al enemigo exige soportar el sufrimiento extremo que te produce, ello quiere decir que no es una actitud cristiana el mirar hacia otro lado cuando sabes que tu enemigo sufre. Es tu obligación ayudar. Eso sí, es conveniente ayudar sin furia, sin rencor aparente, de hecho debemos intentar eliminar el rencor de nuestra vida. Los enemigos son quienes nos lo hacen ver.

Jamás desdeñar

Quitarle importancia al sufrimiento del enemigo es una actitud pusilánime, recuerda que los tibios no entrarán al Reino de los Cielos. Quienes ante el sufrimiento ajeno tienen la oportunidad de actuar y no actúan son tibios, pues no son ni fríos ni calientes.

Ser tibio implica ser plenamente consciente de la culpa propia, así mismo es tibio aquel que percibe o provoca una gran injusticia (con “gran injusticia” no pienses en algo tremendamente grave, pues todos hemos sido pecadores tibios alguna vez) y se queda quieto.

INTERESANTE: ¿Amor en el noviazgo roto?

El amor del que habla Cristo en Mt 5, 38 no es un amor de novios ni matrimonial ni romántico, no significa “enamorar”. ¿Por qué digo esto? Porque una vez el noviazgo se ha roto, debe haber amor, sí, lo has leído bien, amor reconciliador. Se dan MUCHOS casos en los que cuando un noviazgo cristiano se rompe, una de las partes tiende a desdeñar a la otra, convirtiéndose el posible diálogo en una humillación en la que el primero que corte el contacto es el ganador. Esto significa no seguir el modelo de Cristo, pues el amor de Dios nos une como hermanos en los que poder confiar. Recuerda que lo que ates con tu hermano en la tierra quedará atado (Mt 18, 18).

Si un noviazgo fue verdaderamente cristiano, deberá caracterizarse porque aún rompiéndose pueda haber verdadera comunicación, claridad, honestidad y jamás humillación, aunque para ello tenga que haber anteriormente un largo proceso. Ya no sois novios pero sois hermanos, además, compartisteis mucho. Omitir a un hermano es igual que llamarlo “idiota” de corazón (“cualquiera que diga: ‘Idiota’, será reo del infierno de fuego” Mt 5, 23).

¿Amor en matrimonio roto?

Un predicador católico decía que si en un matrimonio un hombre no es capaz de perdonar la infidelidad de la mujer… ese hombre no es católico, pues no está aceptando que se perdone ni al pecador ni al pecado. Esta afirmación es muy seria, pues ¿cuántos matrimonios soportarían las infidelidades? Se lo digo yo, prácticamente ninguno, de hecho, la infidelidad puede ser síntoma de algo más grande, algo que incluso pueda reconocerse en el proceso de nulidad matrimonial. Casarse ante los ojos de Dios no es una broma, por eso, desgraciadamente, el noviazgo sirve para identificar a una persona con la que no quieres pasar el resto de tu vida.

El infiel debe tener miedo, pues está en las mismas que el tibio o peor, ya que para actuar directamente contra la voluntad de Dios y dañando a su mujer tuvo que desdeñarlo TODO. La infidelidad es un ataque al prójimo. Quien ataca gravemente al prójimo, ¿cómo ataca al enemigo?