El león no es el rey de la vida

El león ya no es el rey,
el rey es quien manda
en su propia vida
actuando con gracia,
intolerando las faltas
pero perdonándolas
si le da la gana.
El rey demuestra,
con su audacia
que no es frágil,
ante el dolor
y la rabia,
aunque por dentro
tenga un infarto…
de alma.
El rey no necesita
de nadie para mejorar
su gracia,
pero si necesita a alguien
para dárselas a la vida.
La reina defiende al rey,
y el rey la defiende a ella,
sabe que en un tablero
haría lo mismo aquella.
Antes de ser rey era plebeyo
hasta que la reina le dio amor
y poder.
Nadie sabe lo que una dama
por un hombre puede hacer,
hombre y mujer se complementan
y con el amor, al cien por cien.
Tortura que desapareciera
la reina del mismo tablero
y que el rey la buscara
por cada cuadro
hasta saberlo.
Lástima que la reina
se fuera a un tablero lejano,
engañada por el juego,
engañada con endaños,
el rey conservó el tablero,
por si algún día volvía,
en su tablero había más reinas
y personas con mucho engaño,
mas había otras muchas
que jamás se/le hicieron daño.
Cuando todos se dieron cuenta de
que nadie era rey de su propia vida
(ni la reina, ni el rey, ni la gente herida)
se rindieron al dulce juego,
donde manda el sentir inicial,
y con los iniciales jugadores:
los sentimientos originales,
los que les hacen sentir mejores,

y vuelta al juego empezar.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.