Del autobús a la universidad

Escribo durante el trayecto
en el cuarenta y cuatro,
que en marcha va,

de color amarillo,
hacia el amor vivido,
hacia donde aprendí
a quedarlo callado,
hacia el estudio alegre,
aprenda, suspenda o apruebe,
porque ¿de que me sirve el camino
si no disfruto de lo caminado?
Quiero disfrutar de lo bueno,
quiero disfrutar cada rato,
amar y pensar en lo amado,
leer eso bueno y fijarlo,
pensar diez veces en ella,
volver a leer, memorizarlo,
comprenderla como pueda
en mis segundos de descanso,
aliviarme cada pena,
para seguir memorizando,
una vez hecho todo, quiero
comprender lo estudiado,
y memorizarla a ella,
fortalecer lo recordado.
Ella era magia infinita
que me hacía recordarlo,
yo era un simple artista,
siempre desconcertado,
intentaba ser bueno en vida,
la magia me mejoró en actos,
todo lo que intentaba
podía reconquistarlo,
hasta que me dejó de dar sol el día
y conquistar no podía, ya harto,
cogí con rabia el cuatro cuatro

pero sin sol amarillo, blanco,

del cuatro cuatro al ciento catorce

hay muchos de los malos,

espero que el tuyo sea amarillo.

Pero como conquistar ya no podía,

el autobús no podía alcanzarlo,

estaba contento almenos,

contento por intentarlo.
—¿Intento? Si no lo has hecho
si tú jamás lo has intentado.
—Tengo algo que decirte
no lo comprendes ni a ratos:
Contento no por el intento
sino por el imaginarlo.

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