Tristeza y admiración

Hay una hermosa belleza

que ya no podré comprender,

presentada en sutileza

ya se me quiso desprender.
Azota alegre tristeza,

a veces intenta ofender,

sentimiento de grandeza

que mal lo tuve que vender.
¿Qué hay de mi triste agonía?
Me acompaña todavía

y ningún día se calma,

tuve que apagar el alma

concediendo pleitesía
a ella que ya no es mía

y por las noches desarma

cada sueño que tenía

y lo saca de la cama.
Me quejo de mis desgracias,

mas no hay día en el que a mi Dios

con tristeza y admiración

por conocerla… no dé gracias.
A veces me rendiría

en versos, mas es mi ficción

la que jamás debería

inducir a tal confusión
de mezclar hechos que haría

en sueños… con lo real, amor.